Tuesday, January 25, 2005

sobre muecas incompletas

Hace más de dos meses alguien tocó fuertemente la puerta de mi antiguo departamento despertándome. Eran las 3 o 4 de la mañana, lo cual no me pareció extraño, estaba acostumbrado a esas interrupciones por el tipo de vida que llevaba, así que me puse el mínimo de ropa necesario para parecer presentable a esa hora y abrí la puerta. Era la sonrisa incompleta, llorando y gimiendo, al parecer la habían corrido de su casa y necesitaba un lugar donde quedarse. No me negué, ni siquiera me hice el difícil, sólo dejé que pasara y volví a mi cama.
El primer signo del desastre ocurrió cuando desperté, la sonrisa incompleta estaba acostada a mi lado. Refunfuñé imperceptiblemente dejándola dormir, y me metí a bañar. Así pasó una semana, sin mayor calamidad, en la que ella se fue instalando a sus anchas en mi recinto. No hice mucho por impedirlo, estaba muy ocupado alejándola de mí asegurándome que lo notara.

La semana culminó en aquel día que espero no olvidar, cuando ella fue a recoger unas llaves al bar donde mi amiga Sony y yo estábamos. No fue mi intención, palabra, que la sonrisa incompleta llegara en un momento íntimo. Ella se hizo notar interrumpiendo con un sonoro "Espero no interrumpir", extendió un brazo pidiéndome las llaves y se las di, sin presentarle a Sony ni decir cosa alguna. Esa noche, cuando subí las escaleras del condominio para llegar al departamento, me topé con Rubens, él me advirtió sobre la condición de la sonrisa incompleta dramatizándola bastante. "Exageras", le dije, antes de que se fuera. Pero no, Rubens no exageró, más bien se quedó corto. Encontré a la sonrisa incompleta riendo y llorando en la sala del departamento, ebria y de vestido alborotado. La llevé a mi cama para que durmiera, ahí, me pidió que durmiéramos juntos. Mi negativa fue tajante, y los gritos comenzaron, no sé en qué momento entre sus lamentos ella se desnudó completamente e intentó salir del departamento. Me escandalicé, la detuve y le puse un suéter, ella seguía llorando, intentaba salir del departamento, tuve que cerrar la puerta con llave, e interponerme. Al hacerlo, lo recuerdo bien, ella dijo: "Pues hay otras formas de salir", y caminó hacia el balcón (mi departamento estaba en un cuarto piso), puso un pie en la mesita que tenía ahí, otro pie en la barda que bordea el balcón y dio el tercer paso en el aire. La detuve a tiempo. Grité todos los insultos que sabía, ella corrió hacia mi recámara y abrió la ventana. Otra vez la detuve y me di cuenta de que no iba a ceder en su intento por salir, tuve que someterla boca abajo en el piso de la sala y sentarme sobre ella, así transcurrió la noche.
En la mañana, la sonrisa incompleta despertó cuando yo estaba listo y vestido para el trabajo, se vistió ella también y tomó sus cosas, bajamos del edificio sin decir palabra alguna. Ya abajo, le dije severamente: "Tu presencia sólo me provoca asco, no quiero volver a verte en mi vida", y continué mi camino.

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